Vestido con uniforme de prisión y asistido por un intérprete, Nicolas Maduro se declaró inocente, pero fue más allá al afirmar que “sigue siendo el presidente de Venezuela”, una declaración que el juez interrumpió para frenar cualquier deriva política. Ese choque entre el discurso del acusado y la lógica del tribunal definió la audiencia, en la que cada respuesta extensa fue contenida por un sistema diseñado para juzgar delitos, no disputas de poder ni legitimidad internacional.
Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro también se declaró inocente y solicitó, contacto con el consulado venezolano, una decisión rutinaria pero sensible en un contexto de tensión diplomática. La defensa no pidió libertad bajo fianza y el tribunal fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo, dejando claro que, pese al impacto político del caso, la justicia estadounidense avanzará bajo sus propios tiempos y reglas.

